La pintura fue encargada a Botticelli por Giuliano di Piero de Medici, quien estaba enamorado de Simonetta Vespucci, la modelo de “El Nacimiento de Venus”, que fue acogido por la Galleria degli Uffizi. El amor entre Giuliano y Simonetta fue un gran amor legendario que ha hecho fantasear por decenios a los florentinos.
A finales del cuatrocientos, Giuliano gobernaba Florencia junto a su hermano, Lorenzo el Magnifico. Mientras Lorenzo estaba ocupado en llevar las riendas de la política de la ciudad, Giuliano se esforzaba en competencias caballerescas para ganar el afecto de Simonetta. En una feria, su bandera tenia una pintura del rostro de Simonetta que rezaba “L’unica e sola”.
La joven Simonetta no sólo fue la modelo de Botticelli, sino también de otros pintores renacentistas. Sus retratos estaban propagados por toda Florencia y los ciudadanos estaban encantados por su belleza hasta llegar a darle como sobrenombre “La bella Simonetta”.
Algunos dicen que el mismo Botticelli estaba enamorado de Simonetta, pero fue un amor nunca declarado, expresado sólo a través de sus numerosos retratos. Además de los famosos cuadros de la Galleria degli Uffizi, muchas de las mujeres de los cuadros de Botticelli se parecen a Simonetta.
“El Nacimiento de Venus” es una de las pocas pinturas paganas de Botticelli que no fueron destruidas por la Iglesia Católica. Otra leyenda cuenta que Lorenzo el Magnifico protegió el cuadro de la ira de la Iglesia para dejar a su hermano un recuerdo de su amada.
“El Nacimiento de Venus”, acogido por la Galleria degli Uffizi, es una pintura que inevitablemente debe ser admirada cuando se está en esta romántica ciudad, porque no es sólo el testimonio de un grande artista o de la gloria de Florencia en los tiempos de los Medici, sino que se trata de un conmovedor amor que se dio bajo el cielo florentino.