Entre los vinos rojos, el Chianti Clásico, producido en las colinas del Chianti, es seguramente uno de los más conocidos junto al Brunello di Montalcino. Entre los vinos blancos, son renombrados el Pomino y el Trebbiano, aptos para los platos a base de pescado; el Vinsanto y el Moscato están entre los vinos más adecuados para acompañar los postres (entre ellos unas galletitas típicas de Prato llamadas Cantuccini di Prato) y completan la gama de la especialidad vinícola que podrás degustar en Florencia.
Con una base importante de uva Sangiovese, aproximadamente el 70%, mezclada con otros viñedos de alta calidad, el Chianti se caracteriza por su perfume único, de aroma de fruta con ligero retrogusto seco. Es un vino sincero y genuino que se acompaña bien con cualquier plato.
Para quien prefiere un vino más sofisticado, la elección debe ser sin duda alguna, un Chianti Reserva, madurado por 38 meses a diferencia de los 4/7 meses del Chianti Clásico.
El Trebbiano Toscano es un viñedo blanco y dulce que junto a la malvasia constituye una mezcla típica del Chianti que no son de Sangiovese puro. El Trebbiano se utiliza para la producción de vinos de colores áureos, ligeros y perfumados. Si estás buscando un vino que se conserve bien, para llevarte a casa, el Trebbiano no es el más indicado, es mejor degustarlo en una cena en Florencia quizás con un plato a base de pescado.
El Pomino VinSanto es el más famoso de los vinos toscanos basados en el viñedo trebbiano. Es un vino blanco realizado con la mezcla del Trebbiano y la Malvasia, seco, de aroma frutal con un poco de perfume de nuez.